Las compañías de servicios financieros (FinTech) se adentran cada vez más en territorio bancario y saben sacarle partido a la digitalización y al manejo del big data, por lo que suponen una amenaza para la banca tradicional.
Están atacando nichos concretos, especialmente los sistemas de pago y las tarjetas de crédito; y no están sometidos a una regulación estricta.
La consultora McKinsey le ha puesto números a este peligro para la banca. Advierte de que los nuevos operadores podrían hacerse con una parte muy importante del mercado, entre el 10% y el 40% de los ingresos y entre el 20% y el 60% de los beneficios..
Sin embargo, matiza que esto sucederá solo si la banca se queda quieta. Aunque aún está por ver su capacidad de adaptación, las entidades defienden su negocio de distintas maneras.
Con este telón de fondo, el futuro que se avista no tiene por qué ser solo una guerra entre bancos tradicionales y FinTech, sino que también puede desencadenarse un nuevo ecosistema financiero con cabida para alianzas estratégicas de diverso grado.